Análisis geopolítico en español

Soldados del ejércitos de los Estados Unidos, en Irak | Foto: Flickr de la US Army

Gasto militar en defensa de EE.UU, Rusia y China: su importancia geopolítica

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Desde que empezó el año 2017 y sobretodo, desde que el nuevo presidente americano electo Donald Trump pisó la Casa Blanca el pasado 22 de Enero, tanto en periódicos como en redes sociales han abundado noticias un tanto sobrecogedoras. Éstas han sido, mayoritariamente, protagonizadas por un número reducido de actores estatales, entre los que cabe destacar el papel de los Estados Unidos, Rusia y China.

Jurídicamente hablando, todo actor estatal goza de las mismas características naturales (soberanía, territorio, población y gobierno) que les confieren una igualdad entre ellos. No obstante, en el hábitat anárquico de las relaciones internacionales, como decía Hobbes “el hombre es un lobo para el propio hombre”, se pueden distinguir los más fuertes de los más débiles. Esta fuerza viene indicada por una serie de valores tangibles, como son la capacidad y gasto militar.  Una mayor capacidad y un gasto más elevado implican la existencia de un poder estructural mayor y la posibilidad de desarrollar una diplomacia en su vertiente más dura.

En la actualidad, Estados Unidos posee el mayor ejército del mundo, seguido en segundo lugar por Rusia y por China en tercera posición. Por lo que sus decisiones políticas, ya sean acertadas o no, tienen siempre un efecto de onda expansiva que va más allá de las fronteras nacionales.

No obstante, cada país decide llevar a cabo un diseño propio del gasto militar dependiendo de unas necesidades muy específicas, que van más allá de simplemente acumular poder estructural. Este artículo pretende profundizar en el porqué de los gastos públicos en defensa en Estados Unidos, Rusia y China.

Gasto público militar y PIB: ¿Correlación o relación espuria?

Históricamente, el gasto militar por parte de los estados cambió su tendencia en los años noventa. Según SIPRI (yearbook 1994), el gasto más elevado a nivel mundial se dio en el año 1986-87. En ese momento, las dos grandes potencias, como bien sabemos, eran los Estados Unidos y la antigua URSS. Estos suponían el 30 por ciento del gasto militar mundial. Si a ambos países les sumamos sus respectivas alianzas militares, ese mismo año, la OTAN (45 por ciento) y el Tratado de Varsovia (35 por ciento) significaban el 80 por ciento del gasto militar mundial total. Sin embargo, el fin de la Guerra Fría condujo a la reducción del gasto militar, sobretodo en países industrializados (casi un 15 por ciento) y, más lentamente, en los países en desarrollo (10 por ciento).

Según algunos expertos en macroeconomía, ese gasto público menor en defensa, tiene repercusiones positivas en sanidad, educación u otros asuntos sociales o económicos que permiten aumentar la calidad de vida de la sociedad, ya que una partida económica menor en defensa implica una mayor liquidez estatal para invertir en obra y servicio social. Aún así, hay una corriente de pensadores que divergen de estos primeros, defendiendo la existencia de externalidades positivas del gasto militar. El argumento principal de los economistas partidarios del gasto militar se centra en el caso de los Estados Unidos, donde la industria militar ha desempeñado un papel importante en el desarrollo de su economía. Es decir, el gasto en defensa es igual que otro partida presupuestaria del Estado, por lo que puede también puede motivar un aumento de la demanda en momentos de baja confianza y de recesión. La inversión en I+D militar puede conllevar al desarrollo de nuevas tecnologías (internet), y consiguientemente, generar nuevas industrias (redes sociales) y, finalmente, promover la demanda y creación de empleo.

Si se adopta esta corriente económica de pensamiento como acertada, entonces debería ser plausible observar una correlación positiva entre el gasto público militar y el ciclo del PIB. Es decir, dado que un mayor gasto militar conlleva externalidades positivas como el aumento de la demanda y del empleo; es de esperar que se de un aumento del gasto militar durante los ciclos económicos recesivos. A su vez, la estabilidad económica debería conducir a una disminución de la partida presupuestaria militar y, consiguientemente, un mayor gasto en otros sectores estatales.

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Gráfico 1. Crecimiento del PIB (% anual) de los Estados Unidos, China y Rusia, 2005-2015 | Fuente: Banco Mundial

El Gráfico-1 muestra el crecimiento porcentual anual de los Estados Unidos, China y Rusia durante el último decenio (2005-2015).  En el caso de Estados Unidos y de Rusia se puede apreciar claramente una caída dramática del PIB (crecimiento negativo) en el 2009, después de que el sistema financiero internacional diseñado en Bretton Woods en 1944 entrara en crisis el 15 de septiembre de 2008. La administración Bush intentó intervenir, pero Wall Street se sumergió, aún así, en la crisis más profunda desde la Gran Depresión de 1929.  Crisis económica que se propagó a nivel global, incluso afectando a la economía china; ésta que presentaba un crecimiento acelerado del PIB del 14% en el 2007, disminuyó hasta el 9% en el 2009.  Rusia, además, presenta otro crecimiento negativo del PIB durante el período 2014-2015.

Si se compara el primer gráfico con el segundo (Gráfico 2- Gasto militar por país en porcentaje del PIB, 2005-2014), se puede apreciar como el gasto público militar aumenta en el 2009 para los tres países y vuelve a aumentar para Rusia durante los últimos años; mientras que para Estados Unidos el gasto militar disminuye después del 2011 y en China se estabiliza.  Hay que tener en cuenta, que una distinta tendencia en el gasto militar entre los tres países implica una evolución del ciclo económico distinto. Por lo que, se debería observar el gasto militar y el crecimiento del PIB individualmente, por un lado, y después compararlo conjuntamente, por otro. De este modo, se puede observar la susodicha correlación de valores entre ambas variables.

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Gráfico 2. Gasto militar por país en porcentaje del PIB, 2005-2014 | SIPRI

Ahora bien, aún y teniendo las evidencias gráficas en frente nuestro, ¿es acertado afirmar la existencia de una correlación entre gasto militar y PIB?

Gasto público militar y contexto político

Tal relación sería perfecta en el caso que no existiera ninguna otra variable en juego. Pero a mi parecer la susodicha correlación es espuria en tanto que no tiene en cuenta el contexto político. Como ya ha sido mencionado, el Estado, como actor internacional, dispone de la capacidad de diseñar su propia política exterior y la libertad de tomar decisiones según sus necesidades políticas, sociales y/o económicas. Pero estas decisiones tienen, a su vez, influencia en  el diseño de la agenda exterior y la toma de decisiones de otros actores. Por lo que, cada estado tiene una agenda política que da respuesta a las necesidades surgidas en una situación/contexto específico. Por lo que, un Estado que siga una diplomacia neutral ante los conflictos bélicos debería tener un gasto militar menor que un país envuelto en él, ya que las necesidades de defensa y seguridad nacional son distintas. Así, para entender la evolución del ciclo del gasto militar de Estados Unidos, Rusia y China es ineludible estudiar los principales acontecimientos en los que se han visto envueltos.

En líneas muy generales, los dos primeros decenios del siglo XXI cambiaron al mundo. Este cambio empezó con la caída de las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre del 2001. La respuesta estadounidense fue la guerra contra el terrorismo, cuyo primer escenario sería Afganistán (2001) y el segundo el Iraq de Saddam Hussein (2003). Durante este periodo, Estados Unidos ha estado bajo la dirección de dos administraciones: George W. Bush (2001-2009) y Barack Obama (2009-2017). Mientras que en la región euroasiática, Vladimir Putin fue el Presidente de la Federación Rusa desde el 2000 hasta el 2008 y después Primer Ministro desde el 2008 hasta el 2012. Ese mismo año Vladimir Putin volvió a ser proclamado presidente (hasta la actualidad). Durante su primer mandato presidencial, Putin logró a través de sus políticas económicas un crecimiento del 6 por ciento. Este se debió, principalmente, a la extracción de recursos naturales y a su exportación mundial. Esto, a su vez, le permitió a la administración de Putin aumentar su poder geopolítico.  En el 2008, los rusos reafirmaron sus “derechos fronterizos” durante el conflicto bélico con Georgia. Además, se dio el intento por parte de los EEUU de situar un escudo de misiles en Polonia y la República Checa, lo cual no fue aceptado por los rusos. La llegada de Barack Obama a la casa blanca hizo que los estadounidenses se retiraran de ambas zonas buscando una distensión con Medvedev y Putin en el marco de una reimposición del poder en Eurasia por parte de Rusia.

Por otro lado, como explica Xulio Ríos (2011), China ha presenciado la cuarta y quinta generación de líderes del Partido Comunista: el presidente Hu Jintao (2003-2012) y el presidente Xi Jinping (2012-actualidad). A pesar del auge económico que ha convertido China en la segunda economía mundial, esta presenta importantes desajustes sociales y económicos en el interior de sus fronteras. Ejemplo de ello son los disturbios de Lhasa en 2008 y de Urumqi en 2009 por cuestiones étnicas. Además de la abrupta relación triangular existente entre la China continental, su provincia más rebelde –Taiwán-, y EEUU. Al mismo tiempo, como defiende Edward N. Luttwak (2011),  los conflictos por las islas del mar de la China meridional han aumentado desde el 2008, sobretodo las desavenencias con Vietnam, Indonesia y Filipinas, lo que ha permitido una mayor presencia de los EEUU en la región asiática.

Consecuentemente, en estos últimos años la región asiática es donde las agendas diplomáticas de los EEUU y de China se han encontrado cara a cara: el “pivote asiático” o “requilibrio” de la administración Obama con el “sueño chino” del presidente Xi Jinping. Mientras que,  Rusia y China comparten la región euroasiática mediante el proyecto chino de la “nueva ruta de la seda”. Por otro lado, Estados Unidos y Rusia han coincidido mediante su participación, de un modo u otro,  en distintos conflictos bélicos: guerra civil en Siria (2011), conflicto en Ucrania (2014) guerra contra el Estado Islámico (2014), guerra civil de Yemen (2015).

La relación entre gasto militar y contexto político, mencionada en los párrafos anteriores, como argumenta Pere Ortega (2016), viene dada por la necesidad de defensa y seguridad del Estado en su concepción más tradicional, es decir, se basa en la necesidad de defender de forma armada el territorio, su población y soberanía, así como prevenir la llegada de amenazas a las puertas de sus fronteras.

La economía militar: el comercio de armamento

No obstante, la economía militar tiene otra vertiente, en la que se encuentra la industria armamentística, su importación y su exportación. Si se analizan los destinatarios de las exportaciones de los tres países, se puede llegar a una serie de conclusiones:

Primeramente, los EEUU es el mayor exportador de armas convencionales del mundo, seguido por Rusia como número dos. Ambos países juntos exportan el 58% del armamento mundial.

En segundo lugar, se puede observar las alianzas existentes entre los distintos países, como por ejemplo, el alto nivel de comercio armamentístico entre EEUU y Japón, Taiwán o Corea del Sur o el comercio existente entre Rusia y China o entre China y Pakistán (pero no India).

En tercer lugar, aunque los conflictos bélicos actuales se den en países en vías en desarrollo del continente africano y del medio oriente; entre los principales proveedores de armamento se encuentran los EEUU y Rusia. Lo que permite, en cuarto lugar, observar una correlación entre los países proveedores, sus demandantes, por un lado,  e intereses geoestratégicos, por el otro. En el caso de los EEUU,  este interés geoestratégico se observa en los países del golfo Pérsico (Arabia Saudí, Bahréin, Iraq, Kuwait, Omán, Qatar y UEA), en medio oriente y la región asiática, así como los países protagonistas de la primavera árabe en el 2011 (Egipto, Libia Túnez, Siria y Bahréin). Este trazado geográfico expone dos objetivos prioritarios de los EEUU: la “contención” de China y el control sobre los recursos naturales (hidrocarburos). Por el contrario, el elevado nivel comercial entre Rusia y China muestra su renovada alianza, la cual se contrapone a la aversión estadounidense por el dragón amarillo.

Finalmente, la economía militar china no está tan desarrollada como la americana o la rusa, lo que repercute en una doble desventaja, es decir, en niveles de industria y comercialización y en defensa y seguridad.

Conclusión

Cada año, los países destinan parte de su presupuesto –dinero público-, a alimentar la economía de la defensa. En su sentido más tradicional, el objetivo de este es la defensa y seguridad del Estado, su territorio, infraestructuras y población. No obstante, al mismo tiempo, el gasto militar también se destina a alimentar a una entramada red industrial y financiera, la cual acabará vendiendo o al propio estado que anteriormente lo financió o al exterior. Por lo que existe un interés económico que va más allá de la necesidad de supervivencia estatal. El dilema se encuentra pues en la externalidad negativa de esta economía, la cual es la destrucción de infraestructura y la muerte de civiles y militares. Un segundo dilema que aquí aparece es que aquellos países que defienden valores democráticos, libertad y derechos humanos (como los EEUU) son en verdad los principales de armamento. Este doble estándar es el que permite, por un lado, a los países occidentales criticar aquellos países en vías en desarrollo que sufren conflictos bélicos y, por el otro, venderles armamento. Consecuentemente, la pregunta a realizar aquí sería: ¿cuánto armamento se destina a proteger las fronteras del propio territorio y cuánto al comercio internacional?

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